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Jueves, 11 Febrero 2016 11:54

Artículo 18

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LA PARADOJA DE LA ABUNDANCIA

Si la economía a nivel global se puede comprender comparándola con la gestión que una familia hace de los ingresos que aportan sus miembros, el sentido común dice que no se debe gastar más de lo que se ingresa. Es muy simple la cosa; sin embargo a veces es necesario conocer los aspectos externos a nivel mundial de la economía para poder reflexionar sobre la relación del hombre individual con el dinero.

La expresión "paradoja de la abundancia" se refiere a la maldición de los recursos, es decir, cómo regiones con abundancia de recursos naturales, generalmente recursos no renovables como minerales o combustibles, tienden a tener un menor crecimiento económico y escaso desarrollo que países con pocos o sin dichos recursos. La constatación de que los recursos naturales suelen ser más bien una maldición que una bendición comenzó a surgir en la década de los 80.

Numerosos estudios han mostrado una relación inversa entre abundancia de recursos naturales y crecimiento económico. Se puede observar de manera clara en los países productores de petróleo.


Qatar es en sí una paradoja, porque posee unas reservas de petróleo de 15 millones de barriles, lo que le vale para seguir alimentando la fiesta otros 35 años, y además dispone del 14 por ciento de las reservas de gas del mundo. Paradoja porque, pese a poseer esas enormes riquezas que financian la supervivencia del país, en el horizonte el avezado emir Hamad Ben Khalifa al Thani ve acercarse impasible el ocaso de sus recursos energéticos, el final de una ópera que este monarca absoluto no está dispuesto a que se acabe. De ahí que para evitar la caída del telón sobre un escenario único Al Thani emprendiera una audaz estrategia basada en diversificar las inversiones por todo el mundo huyendo de la energía, multiplicando su capacidad de influencia política con el arte de mantenerse equidistante entre el pragmático Occidente y el convulso Oriente Medio, y presentando a su pequeño emirato como un país dispuesto a conquistar el planeta del deporte y del fútbol como gran plan de marketing. Que el verde césped de los estadios del Mundial de 2022 sea la sonrisa catarí que ilumine el tortuoso camino que va de un país comparsa con una economía feudal a un emirato moderno y capaz de influir decisivamente, incluso, en la «primavera árabe».


Qatar es un país de contrastes: de los 1,4 millones de habitantes, sólo el 18 por ciento es de origen catarí, los elegidos, los que dejan su Land Rover en marcha y el aire acondicionado puesto mientras compran junto a sus mujeres en los lujosos centros comerciales; el resto es mano de obra barata que proviene de Asia (la India, Sri Lanka, Bangladesh) o el África Subsahariana, sometida, por cierto, a lo que se conoce como «kafala»: ni siquiera pueden cambiar de trabajo sin permiso del patrón. Es decir lo que podríamos calificar como esclavismo.


Otro ejemplo es Guinea Ecuatorial, un país que ha progresado en infraestructuras, con autovías que cicatrizan la selva continental, complejos turísticos de élite, paseos marítimos impecables... pero continúa manteniendo los déficits democráticos y sociales previos a la eclosión de los petrodólares.
El petróleo ha marcado la vida de los venezolanos desde 1917 y es imposible analizar el contexto económico y político del país sin considerar su precio. Entre 1998 y 2008, el precio del petróleo pasó de 9,38 a 129,54 dólares el barril, y el gobierno percibió más de 800.000 millones de dólares en ingresos petroleros y no petroleros, a pesar de lo cual no ha logrado resolver los principales problemas que afectan a Venezuela. Desde 2009, el precio del petróleo ha caído a menos de 30 dólares, lo que impactará en la economía. Y en la política.

El caso de Venezuela es que el Gobierno del difunto Hugo Chávez se dedicó a expropiar y destruir los medios de producción privados que él consideraba «capitalistas, imperialistas y oligarcas». Así ha conseguido que el país dependa totalmente del exterior para su abastecimiento. La producción nacional ha caído más de un 60%. Antes de Chávez, en 1998, la producción nacional cubría el 70% de las necesidades de consumo. Ahora es exactamente al revés. El economista venezolano Gustavo Rojas subrayó: «Venezuela sin petróleo es Haití».


Será que la maldición de la abundancia tiene relación directa con las palabras de Jesús, mencionando al hombre necio que acumula riqueza como fin último.


Ver documental "Guinea ecuatorial: la paradoja de la abundancia. "

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Guinea Ecuatorial: La paradoja de la abundancia
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