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Miércoles, 11 Noviembre 2015 12:35

Artículo 10

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Artículo 10: LA IDOLATRÍA

Cada persona encierra un deseo natural de tener, de ser, de triunfar, y lo buscamos donde creemos que podemos encontrarlo: en los estudios que llevan a una profesión deseable, en la salud, en la belleza, en la buena fama y buen nombre... pero éstos deseos, digamos naturalmente mundanos y racionales, ¿no son del agrado de Dios? ¿Acaso no quiere Él la felicidad del hombre? ¿Qué dice la Escritura?

Dice la Palabra: "Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura", es decir, que el Señor desea concedernos lo que desea nuestro corazón. Sin embargo es necesario tener claras las prioridades, si éstas no están ordenadas, es decir, si no sabemos que Dios es el bien supremo y, por tanto, lo primero, viviremos en el caos; pero nos encantan las "añadiduras" y tanto nos gustan que son convertidas por nosotros en verdaderos ídolos.

La idolatría es dar tributo, adoración y gloria a quien no es Dios o sea a falsos dioses, y
un dios que probara su existencia sería un ídolo, dice Dietruich Bonhouffer.

Si Dios fuera lo suficientemente pequeño como para ser entendido, entonces no sería lo suficientemente grande como para ser adorado, escribió un pensador.

El hombre no puede vivir sin arrodillarse. Si rechaza a Dios, se arrodilla ante un ídolo. No hay ateos sino idólatras, dice Dostoievski.

Dios no ha hecho solamente un mundo físico complejo y finamente armonizado. Él también ha inculcado un sentido de eternidad en el corazón de cada persona. Tenemos una percepción innata de que en la vida hay algo más de lo que el ojo capta. Existen valores impresos en el corazón del hombre a lo largo de la historia y las civilizaciones: el ideal del amor es apreciado universalmente, mientras el acto de odiar, en todas sus manifestaciones, es reprobado.

La Palabra revelada en Jesucristo, no sólo nos dice cómo es Dios, sino que Jesús, el Hijo mismo de Dios, nos lo muestra con sus obras. Esa es la evidencia mayor, que viendo al Hijo y cómo actúa, reconozcamos cómo es Dios, cómo es su naturaleza.

No es el decir, sino el actuar, lo que nos define. No te apures si tu hijo no te escucha, él te observa.

Pero se puede vivir en estado de negación permanente, es decir, rechazar la verdad una vez conocida, ya que Dios no se nos impone, si bien negar a Jesucristo es abrir una rendija de nuestra puerta, de nuestra alma, al diablo, el padre de la mentira. Y a satanás le gusta la compañía de los suyos; da una patada a la puerta entreabierta y enseguida los que entran son legión.

He conocido recientemente el caso del famoso y carismático estudioso musulmán Deedat, fallecido en 2005 y cuya agonía está grabada en Youtube. Este escritor polemista galardonado con el prestigioso premio Rey Faisal en 1986 dedicó toda su vida a refutar y negar públicamente, en numerosas conferencias, la resurrección de Cristo y su vida relatada en los Evangelios.

No tiene palabras, ni procede comentario alguno, ver el semblante de éste hombre a la hora de la muerte..

Ver el vídeo LA SATÁNICA MUERTE DEL FAMOSO MUSULMAN RELIGIOSO DEEDAT

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La satánica muerte del famoso sultán religioso Deedat
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